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Siempre que me lo preguntan respondo que nací en Valencia el 24 de enero de 1972 porque esa es la fecha que figura en mi DNI, y porque también es la misma con la que siempre han coincidido mis padres y abuelos al señalar mi llegada al mundo.
Recuerdo que me gustaba jugar de niño en la playa de la Malvarrosa y espiar desde el celeste y ajado balcón del Balneario a todas las mujeres de distinto bronceado, edad y tamaño que tomaban el sol en top-less en cierta área reservada.
Mi padre es el culpable de mi mayor pasión: el Cine. Desde muy pequeño he devorado con él las carteleras, sufriendo shocks importantes como cuando vi a un señor gigante con dientes de hierro persiguiendo a Roger Moore en la pantalla del cine Serrano en 1977, o como cuando vi en el cine Goya a un niño de dibujos animados llevándose volando a una niña que se llamaba Wendy y a todos sus hermanitos desde Londres hasta un mágico lugar llamado Nuncajamás. Hoy el cine Serrano es una inmensa tienda de Zara y el cine Goya un moderno bar de bocadillos y tapas.
Con el Cine aprendí a mirar y a besar a las chicas, siendo mi primer beso el que dediqué a una niña rubia de mi clase el último día de 1º de EGB cuando esta iba hacia el autobús. Me acerqué corriendo, le agarré la cara, le besé torpemente en los labios y salí huyendo. Días antes había estado ensayando en secreto en casa con la muñeca de mi hermana, que era de tamaño natural y se llamaba Rosaura. Fue la primera vez que sentí ese vértigo propio de los actores cuando tras varias jornadas de ensayos tenemos que enfrentarnos al momento de la verdad. También conocí pronto la indescriptible sensación de una improvisación ante el público. Tenía poco más de seis años y era la primera vez que pisaba un escenario, concretamente la arena de un Circo. Los Payasos de la Tele habían acudido a Valencia y en pleno espectáculo MILIKI pidió la colaboración de unos niños. Recuerdo que salté corriendo la valla y me dirigí hacia mi héroe, un gigante vestido de rojo con una gorra escocesa. Llegué el primero de los ocho niños que se necesitaban para el número. Así que de algún modo conseguí el papel en mi primer casting. A cada uno se nos repartió una campanita de distinto tamaño. MILIKI nos colocó a todos en línea, y cada vez que nos tocaba la cabecita teníamos que agitarla. De ese modo nos convertíamos en las notas de un villancico. El pago de aquel primer trabajo en el mundo del espectáculo fue un beso de MILIKI, el aplauso de todo el público y una sensación única que no volvería a sentir hasta quince años después cuando decidí abandonar mis estudios de Económicas y Empresariales para probar suerte en el Teatro. Allí volvería a sentir aquella caricia de los focos, esa sensación de vértigo y sueño enfrentado a rostros y cabezas en mágicas penumbras como estaban mis padres aquella tarde en el Circo. Pero de eso hablaré un poco más tarde.
Recuerdo que, seguidamente, mis primeras representaciones artísticas fueron imitaciones del John Travolta de Grease a todos los familiares y amigos de mis padres y abuelos. Recibí por ello muchas risas, aplausos, besos, el apodo de "Travolteta" y la confirmación de que aquello me iba gustando. En el colegio seguía afinando mis dotes, imitando a los profesores que me iban tocando en cada curso. Siguieron las risas y los aplausos de mis compañeros. Pero también las expulsiones de clase, castigo que empleaba para tomar el sol en el parque y reflexionar acerca de algo que ya comenzaba a vislumbrar: eso de expresarse en público es muy bonito pero también tiene sus “castigos”.
En la Universidad casi me muero del aburrimiento. Me divorcié de la Facultad de Económicas y Empresariales al segundo año y decidí probar suerte como actor en el grupo TEATREJOVE de la Fundación Shakespeare. Allí descubrí el inmenso poder de la Palabra, y básicamente me enseñaron que el actor es un instrumento y el texto una partitura. Continué mi formación en el ROYAL NATIONAL YOUTH THEATRE of Great Britain, en Londres, y en diversos talleres en Madrid, Sofía, y nuevamente en Londres y Valencia, al tiempo que fui acumulando intervenciones en series y películas y teatro con directores como Jose Luis García Sánchez, con quien ha trabajado en cuatro inolvidables ocasiones; Gerardo Vera, Miguel Hermoso, Bigas Luna, Leonel Vieira o Pau Martinez, entre otros.
También desarrollo otra faceta que me sirve para rellenar los inevitables vacíos de tiempo actorales, se trata de la escritura. Hasta el momento he escrito cuatro textos teatrales: Comedia en Blanco, Majórica 420, El ladrón de canapés, y Cazando estrellas fugaces. He desarrollado también la narrativa publicando una novela en 1998, AUSENCIAS. Tengo ya preparada la segunda para muy pronta publicación. Y estoy concluyendo la tercera. Cerrando así una trilogía inconexa que vendrá a ser un homenaje a mis raíces. He colaborado como columnista en varias publicaciones como el periódico LAS PROVINCIAS de Valencia, y he dirigido el apartado de artes escénicas en la revista cultural CONTRASTES. Cuento también con guiones de cortos y largometrajes, que todavía hoy deben descansar en los cajones olvidados de algunas productoras. Si te apetece echarle un ojo a cualquiera de mis textos no dudes en pedírmelo.
Como director he realizado tres cortometrajes: caXting, MetaMorfa, y Sueño de Angel, y el largometraje documental EL REGRESO A NINGUNA PARTE. He dirigido la Compañía de Teatro Universitario SIN NOMBRE y actualmente al grupo ESCAFANDRA PRODUCCIONS; Fundé el Taller y Grupo ESCENA LIBRE donde estudiantes de Imagen y Sonido vivían la realidad del actor. Imparto la asignatura de Interpretación para la cámara en la ESCUELA DEL ACTOR, donde también coordino el Taller “El Actor como Autor ante la cámara”. Del mismo modo colaboro con la Fundación AISGE con talleres de interpretación para alumnos de Teatro que viven una primera toma de contacto con la Cámara y el Audiovisual.
¿Qué más podría contar de mí? Tal vez que adoro comer paella frente al mar, fotografiar ciudades y gentes en blanco y negro; que me encanta improvisar en la cocina y con los viajes; tomar notas en el Café de Flore de Paris; leer a Hermann Hesse o a Setefan Zweig o ver películas de Woody Allen, Fellini o 007; tal vez que prefiero no despedirme de nadie, y recuperar a esos amigos que hace tiempo que no se ven una noche cualquiera con un fuerte abrazo y un buen vino.
Muchas gracias por visitar esta web.